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 Somos seres cíclicos, aunque a veces lo olvidemos.

Nuestra ciclicidad no es cosa de nuestra mente, sino de nuestra naturaleza. Porque al fin y al cabo los seres humanos formamos parte de la naturaleza, somos naturaleza, aunque tan a menudo se nos olvide. Eso significa que nuestra energía se mueve en ciclos, sube y baja, afectando a nuestras emociones y a nuestro cuerpo. 

Como la energía en nuestro cuerpo, en las plantas, en los animales, también en el universo, que se mueve, rota y se traslada en una apertura a lo nuevo y un regreso a lo antiguo, en un ir y venir, abriendo y cerrando ciclos. Moviéndose en espiral. 

Históricamente la humanidad ha desarrollado tradiciones y rituales en sincronía con los ciclos de la Tierra. La vida moderna de las ciudades, la tecnología y las ideas de la mente nos han alejado de esa relación cercana con la naturaleza, con el sentido de esos rituales y tradiciones.

Su función es precisamente la de ayudarnos a sintonizar con esos ciclos y así darnos coherencia. De eso se trata, de estar en coherencia, lo de dentro con lo de fuera, nuestro cuerpo con nuestra mente, para que nuestra mente puede entender que vamos cambiando de ciclo y lo acepte. En otras palabras, los rituales de primavera son una especie de acto simbólico que sirven para que la mente y el cuerpo entiendan que estamos cambiando de ciclo.

 El yoga y los ciclos

El yoga también tiene en cuenta los ciclos. Trabaja integrando nuestro ser cíclico, nuestra dualidad, nuestros subes y nuestros bajas, nuestras energías Yin y Yang, equilibrándolas y gestionándolas.

La práctica de yoga te ayuda a abrirte a la escucha de tus ciclos, a la aceptación y a la integración. Por eso esta época del equinoccio de primavera es propicia para practicar los 108 saludos al sol o cualquier otra práctica que nos lleve a rendirle un tributo a este cambio de ciclo, a esta apertura, a una época que en el hemisferio norte significa que el sol va aumentando su presencia en nuestros días y en nuestra vida y eso nos afecta a nivel físico y energético, a nivel emocional y, por consiguiente, también a nivel mental. Así que la primavera no ha llegado solo fuera, sino también dentro nuestra.

Te invito a sintonizarte con los ritmos de la tierra y a celebrar este tránsito hacia la primavera. Desde este rincón, saludo al sol con el más profundo agradecimiento y le doy la bienvenida a este nuevo ciclo.

¡Bienvenida, primavera!

2 Comentarios

  1. Liz

    Muy bonita reflexión! y estoy muy de acuerdo que somos cíclicas, cíclicas a nivel corporal, cíclicas en nuestras vidas y entorno y me atrevería a decir que cíclicas a nivel espiritual. Son esos ciclos los que llenan de dinamismo nuestras vidas.

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    • Begoña

      Si, Liz, sin duda la ciclicidad nos mantiene en movimiento 🙂

      Responder

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