La mayoría de las personas tendemos a construir una rutina en la que acabamos
desequilibrándonos.
Imagina que tu cerebro está dividido en dos áreas. Una es la encargada de predecir,
planificar, estructurar. Es la relativa al control y la sistematización. Sobre ella se
construyen nuestro piloto automático y la llamada zona de confort. También nuestras
rutinas, hábitos e inercias.
La otra parte es la que improvisa, la de la creatividad, el lado poético. Es la que
percibe todo lo novedoso, la del sentido del humor y la parte más hedonista. Es la que
nos lleva a disfrutar.
Ambas son importantes. Solo que a veces las responsabilidades del día a día nos
llevan a desequilibrarnos, poniendo el énfasis en el lado estructurador del cerebro y
dejando de lado nuestro lado más emocional y espontáneo.
En un viaje, todo esto se revierte. Nos abrimos a relacionarnos con personas distintas,
a tener conversaciones más espontáneas, a encontrarnos con situaciones y dinámicas
novedosas.
En definitiva, a la incertidumbre. Esto significa estar mucho más presentes. No estar
tanto en la inercia y la anticipación.

En un viaje vemos y conocemos sitios, personas, comidas, músicas que puede que no
volvamos a ver o escuchar. Experiencias irrepetibles.
Y las vivimos presentes. Aquí no nos sirve el piloto automático y estamos fuera de
nuestra zona de confort en muchas ocasiones.
El yoga y la meditación potencian nuestra capacidad de vivir desde el amor y el desapego
Esto nos lleva a aceptar que las experiencias del viaje son efímeras,
abrirnos a ellas y poder disfrutarlas con mayor plenitud.
En gran medida, así es, en esencia, la vida.
¿Por qué ocurre?
- La combinación de la práctica de yoga con escenarios novedosos, llenos de
poesía y de magia, refuerzan el potencial de esta práctica para recuperar la
armonía interna. - Ayudar al cuerpo a estirarse, conectar con el equilibrio y realizar ejercicios de
respiración, te lleva a vivir la experiencia del viaje desde un estado de mayor
relajación física y tranquilidad mental. - El yoga y la meditación son un viaje a casa, a un espacio donde sentirte
segura, amada y en paz. No importa dónde estés.
Se trata de llevar lo que te traen el yoga y la meditación (serenidad, calma, paz,
presencia, conexión con el amor y la gratitud) al viaje; y que lo que te trae el viaje
puedas vivirlo de manera más profunda y serena gracias a la práctica de yoga y
meditación.

En definitiva, te propongo practicar yoga y meditación mientras viajas para poder
sembrar todas estas habilidades y capacidades que en el viaje se ven potenciadas.
Cultivarlas dentro de ti para luego, en tu vida diaria y en tu rutina, seguir manteniendo
esa actitud de presencia y aceptación. Convertir en un hábito estas prácticas
ancestrales, sembrando esta actitud, puede marcar una diferencia en tu vida.
Adoptar un estilo de vida de conciencia plena impacta en tu bienestar cotidiano.
El objetivo último es aprender a vivir como ves atardecer. Disfrutándolo y dejando
que se vaya.
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