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Itinerario del Viaje a Marruecos

El primer día aterrizamos en el aeropuerto de Fez y nos trasladamos al desierto atravesando una parte de las montañas del medio Atlas.

  • Por el camino, hubo varias paradas, comimos en Ifrán y dormimos en un alojamiento en medio de la nada.
  • Al llegar realizamos una práctica de yoga para estirar el cuerpo, cenamos y descansamos.

El segundo día, práctica de yoga antes de desayunar y proseguir.

  • La parada fue en una zona con unas panorámicas fabulosas del segundo mayor palmeral de Marruecos, en la vega del río Ziz, donde paramos a comprar unos turbantes, muy útiles en el desierto. También paramos en Er Foud para comprar algunos dulces.
  • A nuestra llegada al campamento del desierto, realizamos una práctica de yoga y meditación para estirarnos y serenar la mente.
  • Nos levantamos con el saludo al sol en las dunas y una práctica para despertar el cuerpo y conectar con la energía solar dentro nuestra.
  • Rodearemos el macizo de Erg Chebbi, parando en puntos de interés como los campamentos nómadas, las minas de Mfiss, el pueblo de Khamilia, una comunidad que se asentó en Marruecos clamando por su libertad. La mayoría de los habitantes de Khamlia son descendientes de la comunidad Gnawa, que tiene raíces en la región del Sahel, en el África subsahariana.
  • Después de comer, fuimos a las dunas en dromedario y luego subimos un poco más caminando para disfrutar de unas vistas del atardecer en el desierto inigualables.
  • Por la noche tuvimos una sesión relajante de yoga y una breve meditación.

El tercer día, tras nuestra práctica de yoga para despertar el cuerpo, desayunamos y visitamos el mercado de Rissani, muy importante en el siglo XIX por ser un lugar de paso de las caravanas comerciales.

  • Comimos en Rissani y regresamos con calma puesto que tuvimos tormenta de arena. Fue una experiencia que nos impactó.

El cuarto día, hubo la opción de montar en quads por las dunas. Las demás nos dedicamos al yoga.

  • Luego, nos trasladamos del campamento en el desierto a la Maison Boutchafrine, allí pudimos darnos un chapuzón en la piscina, subimos a ver el atardecer a una colina cercana y después, tuvimos una práctica de meditación antes de la cena.
  • Por la mañana, yoga y, después del desayuno, empezamos nuestro camino a Fez, un trayecto de 8 horas aproximadamente, con algunas paradas. En Fez estuvimos paseando un poco por el zoco, curioseando por sus callejuelas, comprando algunas cosas y cenamos.

El quinto día, tuvimos sesión de yoga y visita guiada por la medina antigua de Fez, donde visitamos lugares como la primera universidad del mundo o el lugar donde se trabaja la piel y se tiñe.

El sexto día regresamos.

¿Por qué viajar practicando yoga y meditación?

La mayoría de las personas tendemos a construir una rutina en la que acabamos desequilibrándonos.

Imagina que tu cerebro está dividido en dos áreas. Una es la encargada de predecir, planificar, estructurar. Es la relativa al control y la sistematización. Sobre ella se construyen nuestro piloto automático y la llamada zona de confort. Nuestras rutinas, hábitos e inercias.

La otra parte es la que improvisa, la de la creatividad, el lado poético. Es la que percibe todo lo novedoso, la del sentido del humor y la parte más hedonista. Es la que nos lleva a disfrutar.

Ambas son importantes. Solo que a veces las responsabilidades del día a día nos llevan a desequilibrarnos, poniendo el énfasis en el lado estructurador del cerebro y dejando de lado nuestro lado más emocional y espontáneo.

En un viaje, todo esto se revierte. Nos abrimos a relacionarnos con personas distintas, a tener conversaciones más espontáneas, a encontrarnos con situaciones y dinámicas novedosas. 

En definitiva, a la incertidumbre.

Esto significa estar mucho más presentes. No estar tanto en la inercia y la anticipación.

En un viaje vemos y conocemos sitios, personas, comidas, músicas que puede que no volvamos a ver o escuchar. Experiencias irrepetibles.

Y las vivimos presentes. Aquí no nos sirve el piloto automático y ciertamente estamos fuera de nuestra zona de confort.

Beneficios del yoga y la meditación en el viaje

Tanto el yoga como la meditación potencian nuestra capacidad de vivir desde el amor y el desapego. Esto nos lleva a aceptar que las experiencias del viaje son efímeras, abrirnos a ellas y poder disfrutarlas profundamente.

En gran medida, así es, en esencia, la vida.

  • La combinación de la práctica de yoga con escenarios novedosos, llenos de poesía y de magia, refuerzan el potencial de esta práctica para recuperar la armonía interna.
  • Ayudar al cuerpo a estirarse, conectar con el equilibrio y realizar ejercicios de respiración te llevarán a vivir la experiencia del viaje desde un estado de mayor relajación física y tranquilidad mental.
  • El yoga y la meditación son un viaje a casa, a un espacio donde sentirte segura, amada y en paz. No importa dónde estés.

Se trata de llevar lo que te traen el yoga y la meditación (serenidad, calma, paz, presencia, conexión con el amor y la gratitud) al viaje y que lo que te trae el viaje puedas vivirlo de manera más profunda y serena gracias a la práctica de yoga y meditación.

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